Hermandad del Reino de Exodar del Mundo del Arte de Guerra
 
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Alestat
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Fecha de inscripción : 09/04/2008

MensajeTema: Origen   Jue Abr 10, 2008 1:48 am

La Orden solámnica vio la Luz casi dos mil años antes de la Guerra de la Lanza, surgiendo, como un ave fénix, de las cenizas del Imperio de Ergoth. En aquellos días las dos islas ergothianas no estaban separadas del continente de Ansalon, sino que configuraban una porción de éste. Durante la Era de los Sueños Ergoth era una pequeña parcela, una región que fue creciendo hasta erigirse en un reino vasto y diverso, tanto que no podía administrarse eficientemente.
El emperador, Thal Palik, era el peor de una larga saga de soberanos ineptos y poco prácticos; el único método que conocía para preservar la disciplina era el dirigir a sus súbditos con mano de hierro. Concedía a su ejército de caballeros una importancia capital. Para mantenerlo, despilfarraba el erario público, desnivelando las finanzas y desangrando a los campesinos mediante la aplicación de abusivos impuestos.
Los habitantes de los llanos orientales de Ergoth eran gentes orgullosas, nobles e independentistas, que no tardaron en soliviantarse frente a semejante trato. Thal Palik, un sujeto pusilánime que siempre temió un alzamiento, estaba preparado. Hizo llamar al capitán de la guardia, Vinas Solamnus, y le mandó que partiera parar sofocar aquellos disturbios.
Vinas Solamnus, máximo oficial del cuerpo de centinelas en el palacio de Daltigoth, entonces la metrópoli, era un hombre compasivo, un aguerrido luchador y un jefe muy querido. Con un arraigado sentido del honor, quizá su único defecto era una incondicional lealtad al emperador que vendaba sus ojos ante las flagrantes irregularidades del gobierno de éste. Sin embargo, y pese a que salió resuelto a escarmentar a los insurrectos según le había ordenado su señor, se conmocionó al ver la represión e infrahumanas condiciones en que vivían los ergothianos fuera de la capital.
Cuando llegó a las planicies del norte, Solamnus anunció que se reuniría con los cabecillas rebeldes bajo una bandera blanca, de tregua, para oír su versión. Tales eran el respeto y la confianza que inspiraban el capitán, que los convocados acudieron al campamento y le expusieron abiertamente sus quejas. Las investigaciones posteriores ratificaron sus historias. Es más, el gallardo caballero quedó abrumado por la corrupción y privaciones que las pesquisas pusieron al descubierto. Lo que más le dolía era la conciencia de haber estado involucrado en el mal, al obstinarse en una ceguera que le había impedido advertir lo que sucedía ante sus mismas barbas.



Vinas Solamnus congregó a sus seguidores y les planteó el problema. Aquellos que creyeran en la causa de los lugareños estaban invitados a quedarse, mientras que los objetores tenían plena autorización para regresar a Daltigoth. Aunque sabían que tal decisión entrañaba el exilio y quizá la muerte, la mayor parte de los hombres permanecieron junto a su oficial. Sólo una minoría viajó a la urbe, llevando un mensaje al emperador. "Retractaos de todas las injusticias que habéis infligido a vuestro pueblo, o aprestaos a batallar", rezaba la misiva. Thal Palik acusó al caballero de traidor y lo destituyó de su cargo, requisando sus propiedades. Los moradores de Daltigoth hicieron sus preparativos bélicos.
Fue así como estalló la Guerra de las Lágrimas de Hielo. Pese a sufrir Ergoth el invierno más crudo que jamás registraron las crónicas, Solamnus y su abnegado ejército de soldados y nobles organizaron una marcha hasta la capital, que procedieron a sitiar. El mismo capitán encabezó osadas incursiones más allá de las murallas. Estas operaciones obedecían a un doble propósito: en primer lugar, desmantelar las despensas de víveres y, en segudo, poner a los ciudadanos en antecedentes de la iniquidad de su monarca, demostrándoles que los sometía a rigores sin nombre mientras él se refugiaba en palacio. Dos meses más tarde, la metrópoli se rendía. Una revuelta desde dentro, propugnada por algunos de los caballeros a los que Solamnus permitió volver a Daltigoth, forzó a Thal Palik a pactar la paz.
El resultado de las negociaciones fue que las provincias más septentrionales de Ergoth consiguieron el autogobierno. Agradecidas con Vinas, las gentes lo proclamaron rey y, para perpetuar su heroica gesta, llamaron Solamnia a la nueva nación. Aunque no alcanzó mucho poderío durante aquella etapa, la palabra "Solamnia" se convirtió en sinónimo de honradez, integridad y firme determinación.
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